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Hoy quiero hablaros de la importancia que tienen los pensamientos en nuestro bienestar.

¿Qué es un pensamiento? Un pensamiento no es más que una sucesión de palabras en nuestra mente que contiene un mensaje. Este mensaje puede que nos haga sentir bien o por el contrario y en la mayor parte de los casos, que sea un lastre para nosotros. Es posible que nos digamos cosas del estilo de “ soy ridículo”, “no valgo para nada”, “estoy horrible”… (Para qué queremos enemigos teniéndonos a nosotros mismos). Pero si al menos este discurso fuera motivador y nos empujara a trabajar nuestra autoestima, a aprender a querernos, a cuidar nuestro aspecto, a formarnos… tendría sentido. En cambio este discurso machacante al que nos sometemos, ¿qué utilidad tiene? NINGUNA.

Desde la ACT (Terapia de aceptación y compromiso) nos proponen no luchar contra los pensamientos, al fin y al cabo es una guerra perdida, siempre van a aparecer en nuestra mente, entonces ¿para qué gastar tiempo y energía?. Ahora bien, lo que sí está en nuestra mano es aceptarlos. ¿Significa esto que si lo acepto, no tengo que cambiarlo? Sí, no y todo lo contrario. El primer paso para cambiar algo es aceptarlo. ¿Paradójico verdad?

Nosotros no somos nuestros pensamientos, pero esto es algo que solemos olvidar y acabamos naufragando en un mar de emociones generadas por pensamientos que son cuanto menos, incómodos. Otorgamos a estos pensamientos el don de la veracidad y los cargamos de importancia. A esto los psicólogos lo llamamos «fusión cognitiva». El proceso opuesto es la «defusión cognitiva» y nos recuerda que los pensamientos son sólo palabras.

A continuación te explicaré 3 formas de defusión cognitiva para relativizar los pensamientos y que estos tengan la importancia justa en nuestra vida:

Ponle música:
Coge ese pensamiento con el que te torturas de forma habitual, mantenlo en tu mente y créetelo como sueles hacer durante unos 10 seg. Observa cómo te sientes. Después haz lo mismo pero ponle música. Puedes usar la melodia del cumpleaños feliz o cualquier otra. Ahora vuelve a observar si tiene el mismo efecto sobre ti. Repítelo con varias canciones. Te darás cuenta que al ponerle música desdramatizamos el pensamiento y conseguimos distanciarnos de él.

Pon distancia entre tus pensamientos y tu ser:
Te propongo que cuando llegue a tu mente un pensamiento del tipo: “no valgo para nada”, marques distancia cambiando la frase por: “mi mente está pensando que no valgo para nada” o “estoy teniendo el pensamiento de que no valgo para nada”. Pruébalo, observa si notas la diferencia y entrénalo. Recuerda: tú no eres tu pensamiento.

Voces graciosas:
Esta técnica funciona muy bien cuando somos terriblemente crueles en los juicios hacia nosotros mismos. (¿Te suena?)
Intenta recordar algún pensamiento de esos especialmente duros y observa cómo te afecta.
Ahora elige mentalmente un personaje cómico (Bugs Bunny, Homer Simpson, Chiquito de la Calzada…a tu gusto) y repítete ese mismo pensamiento con su voz. ¡Observa! ¿Tiene el mismo efecto en tus emociones?
Vuelve a pensarlo de forma normal y compara. Ahora elige otro personaje y hazle hablar. ¿Cómo lo sientes?

Espero que cuando pongas en marcha estas sencillas técnicas, te den resultado y disfrutes sintiendo los cambios. Si aún así necesitas ayuda, contáctame y te acompaño en tu proceso.

No olvides que lo esencial no es si un pensamiento es negativo, verdadero o falso, agradable o desagradable, optimista o pesimista, si no si te ayuda a construir una vida llena de sentido.